miércoles, 15 de abril de 2015

Trapos y literatura

Soy Begoña Oro, y soy escritora, y blablablablablá. Pero si escribo este artículo sobre moda, literatura y fiestas es porque una vez, cuando el escritor Jorge Gómez Soto me presentó en sociedad (literaria) en su blog, Carmen Pacheco, ¡Carmen Pacheco!, escritora y gurú de la moda y de todas las cosas que uno se pone para parecer más guapo de lo que es, dijo de mí (lo pueden leer aquí): “No has comentado lo más importante: ¡Lo elegante que va siempre [esta chica] a los premios SM!”. Desde entonces, incluyo esa frase en mi currículo y me lo he creído. Por eso ahora escribo… [Este "ahora" fue hace ya un tiempo, pero publico aquí hoy, cuando se acerca el premio SM, este artículo un poco petardo que apareció en la revista Off the record.]

TRAPOS Y LITERATURA: CUESTIÓN DE COMPROMISO 
De pequeña me enseñaron que cuando acudías a una fiesta, había que arreglarse. No sigo haciendo caso a todo lo que aprendí de pequeña, pero a eso sí, especialmente cuando se trata de actos relacionados con el mundo de la literatura infantil y juvenil. (Ahora es cuando pongo una túnica de trascendencia a este artículo frívolo sobre moda que incluye palabros como outfit o vintage y lo disfrazo de artículo sesudo literario.) No es solo una cuestión de imagen; es una cuestión de identidad. Ninguna actriz va a la entrega de los Óscars hecha una zarrapastrosa. De hecho, que todo el mundo acuda hecho un pincel, es una de las cosas que da categoría al acto. Tirarme varios días decidiendo qué me pondré para una fiesta relacionada con el mundo de la literatura infantil y/o juvenil no es una frivolidad sino parte de mi compromiso con la causa. Si creyera en la trascendencia de las naranjas, me pondría de tiros largos para acudir a la frutería. Como creo en la trascendencia de la literatura juvenil, me pongo… me pongo…

¿Qué me pongo? 
En las invitaciones a muchos actos, aparece esa orientativa frase final de “Se ruega etiqueta” o aquello de “Hombres: traje oscuro. Mujeres: traje de cóctel” (sea lo que sea un “traje de cóctel”). Jamás me he encontrado una indicación semejante en un acto literario [esto, claro, lo escribí antes de recibir por primera y única vez (snif) la invitación al Premio Cervantes]. Y ahí está la primera gran duda que atenaza a la invitada petarda, quiero decir, a la invitada-comprometida-con-la-literatura-que-opina-que-la-estética-subsume-la-ética. ¿Cómo de arreglada voy? ¿Como para una boda de día? ¿Como para una reunión? ¿De largo o de corto? ¿Y si, tan corto, tan corto, me quedo corta? ¿Y si –triple horror- me paso de arreglada? Lo que me lleva al primer consejo para invitadas petardas:
¿Traje largo de brilli-brilli con escote palabra de honor? ¡Error! 
Huevos 
Sí, aspirar al puesto de la más arreglada de la fiesta es hacer malabarismos en la cuerda floja del ridículo. Ganas dan de lanzarse al socorrido little black dress (yo pongo estas cosas así en inglés porque de esta manera parece que sabes más de moda). Como opción, no está mal. Pero ¿no merece nuestra causa un poco más de arrojo? No sé, un vestido algo más trendy, un complemento audaz… La primera vez que me puse un tocado para una entrega de los premios SM fue una decisión de última hora que condicionó el resto de complementos. Para ponérmelo tuve que comprarme a todo correr unas medias grises tupidas y un cinturón gris (en Stradivarius). Cuando conseguí los complementos, recuerdo que escribí a mi Amiga un mensaje: “Ya tengo las medias y el cinturón. Ahora solo me hacen falta los huevos”… para ponerme el tocado, se entiende. Y los reuní. Fue todo un éxito (me remito al comentario de Carmen Pacheco). Dos años después repetí, con otro tocado vintage, cedido gentilmente por mi hermana y agenciado en Brooklyn. Como espectadora, prefiero mil veces un invitado con una pajarita estrafalaria o una invitada con turbante que un hombre gris vestido de gris o una mujer que no sabrías decir cómo iba vestida, tan discreta tan discreta que resulta inmemorable. Y como invitada, me encanta arriesgar, lo que me lleva al segundo consejo de moda y compromiso:
 ¿Complemento arriesgado? ¡Acierto! O no. Pero se agradece el riesgo. (Y si resulta un desastre, ¡es fácil de quitar!) 
Los lunares de Messi 
¿Quién no recuerda el traje de lunares de Messi al recoger el balón o la bota o el no sé qué de oro? Del premio se puede uno olvidar, pero de ese polka dot outfit… Como para olvidarlo. Hay quien quiso ver en ese traje de Dolce & Gabbana un homenaje a Maradona, quien en su día lució otro similar. Podría ser. La ropa es también una manera de decir cosas. Cargar de sentido lo que uno se pone sobre lo piel no solo es una forma de comunicación sino una buena excusa para acotar la búsqueda y encontrar qué ponerse. Para ir a cenar a un ruso, me planto un gorro de piel; para un japonés, me alargo la raya del ojo… Hace unos meses, me pidieron que presentara las memorias literarias de Jordi Sierra i Fabra. Yo llevaba un corte imposible (me estaba creciendo el pelo a lo garçon y estaba en terreno de nadie). Entonces pensé: “haré un homenaje a Jordi, que se define como rockero”, y me puse tupé y leggings y cazadora de cuero. Asunto solucionado. Tercer consejo:
Si no sabes qué ponerte, busca inspiración en el propio evento. 

Mi ventaja 
Vale, lo admito: juego con ventaja. Mi hermana trabaja [trabajaba] en el mundo de la moda, y me hace de personal shopper, conseguidora de chollos, asesora de imagen, estilista y criticona implacable. Recuerdo una ocasión en la que me interceptó camino de una entrega de premios con un vestido monísimo de Amaya Arzuaga y me lo quitó alegando que iba hecha una maruja. Acabé con un conjunto suyo cogido de mala manera con cuatro imperdibles (mi hermana gasta dos tallas más que yo). Aprovecho la ocasión y el artículo para pedir disculpas a Agustín Fernández Paz, Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil, a quien dejé con la palabra en la boca a mitad de conversación en aquella fiesta. Agustín, querido, fue causa de fuerza mayor; si no llego a salir corriendo al baño a ajustarme el imperdible, me quedo en bragas delante de ti. Lo que me lleva al cuarto y último consejo:
No lo dejes para el último momento. 

Coda poética 
Hay un álbum precioso titulado Ser y parecer donde Isol ilustra un poema de Jorge Luján. El poema empieza diciendo: “Soy lo más distinta de mí / que te puedas imaginar”, y acaba: “Si tú quisieras conocerme / yo giraría sobre un pie / pero te esperaría un largo viaje / desde mi apariencia hasta mi ser”. Feliz viaje.

Hasta aquí, el artículo que apareció en Off the record. Ahora digo: consejos vendo que para mí no tengo. La semana que viene es el premio SM y aún no tengo ni idea de lo que me voy a poner. Solo sé una cosa que seguro que llevaré: un buen par de ojeras y un cansancio feliz porque esa misma mañana, la del día de la fiesta, a las 8 empiezo el primero de una serie de encuentros en mi querida Cartagena con mis queridísimos Jóvenes Lectores, y de ahí, corriendo a Albacete, y de Albacete a Atocha, y de Atocha a la fiesta. Este año no me juzguen. Este año no compito.

En la foto, de Garry Winogrand: a la derecha, Juan Muñoz, todo guapo para la fiesta. En el centro, yo, pensando: "¿Qué tendrá fray Perico que no tenga mi ardilla Rasi?". El del pelazo, el de la izquierda, no sé quién es. El que aparece de espaldas debe de ser un editor, porque le clarea la coronilla y no me extraña, con lo malita que está la cosa.

4 comentarios:

Mike dijo...

Mira que en general me interesa poco la moda, pero tú podrías escribir acerca del sexado de pollos que te leería igualmente.
¡Un abrazo!

Cecilia Frías dijo...

Pues habrá que ponerse las galas para no desmerecer en el sarao del martes. ¡Un gusto seguir disfrutando con el humor de tus entradas querida Oro!!

Anónimo dijo...

esteeeeeeeeeeeee...
yo seré "el hombre vestido de gris" con el pelo blanco.
Seh!
jeje...nunca vi tan intereante a Juan Muñóz...vos sos un genio Oro.

A.G.

La Oro dijo...

Mike, el sexado de pollos, ¡qué gran tema!
Cecilia, entonces ¿te reconoceré por tus galas? Si no es así, ¡identifícate, por favor!
A.G., con un pelazo blanco como el tuyo, no hace falta ni un complemento. Los hay que no necesitáis disfraz para destacar, suertudos.